La Guajira

LX
5 min readAug 31, 2022

Mujer de su tiempo

Por Román Romero López

Si le obsequia a Yamilé Oria Hernández una postura ―de chirimoya, como ella ejemplificó― con certeza no la rechazaría, pero se vería obligada a estudiar el terreno para saber dónde sembrarla, pues en su propiedad “no cabe un chícharo”, como se dice en buen cubano.

Plantaciones de frutales (mamey, guayaba, cereza, chirimoya, coco, mango, guanábana y aguacate), cultivos destinados a la alimentación animal, una cochiquera, un biodigestor y las dos viviendas de su familia ocupan las casi cinco hectáreas de tierras de su finca Las Margaritas, vinculada a la CCS Delfín Luis Paz, del municipio de Florencia, provincia de Ciego de Ávila.

Hace más de una década dejó sus funciones en la empresa local de Comercio y Gastronomía para acompañar al esposo (Alexis Felipe Pérez Burgos) en las labores de la finca. Desde entonces los campesinos de la zona comenzaron a llamarla La Guajira; ya nadie la identifica por su nombre.

La Guajira constituye un ejemplo del empoderamiento de la mujer en la sociedad cubana.

Su hija es médico-veterinaria, el hijo técnico en Agronomía y Alexis Felipe se dedica a la construcción de biodigestores. Con la ayuda de ellos se convirtió en una de las principales protagonistas del programa porcino en el país, aunque en la actualidad disminuyó la cantidad de animales, debido al déficit de alimentos.

Permanece con unos 60 cerdos de capa oscura que mantiene con alimentos alternativos producidos en Las Margaritas (ensilados de yuca, boniato, king grass, palmiche y caña).

La conversión de carne demora un poco más, en relación a otras razas; sin embargo, reconoce otras bondades: la sostenibilidad económica, capacidad de adaptación a condiciones naturales, resistencia a enfermedades y al cambio climático, y la obtención de carnes de mejor calidad.

Conservar la producción porcina le permite realizar ventas de cárnicos, al menos una vez por semana, en el mercado agropecuario El Mamey, que arrendara hace más de un año en la localidad de Tamarindo donde, además, oferta siempre entre 10 y 12 variedades de productos agrícolas provenientes de su terruño.

Contribuye a satisfacer demandas de la población y aporta a los programas de Soberanía Alimentaria, Educación Nutricional y de Autoabastecimiento Municipal, este último con la meta de lograr el per cápita mensual de 30 libras de productos agrícolas y 5 kilogramos de proteína animal.

La crianza de cerdos forma parte de un ciclo cerrado de producción que convierte su propiedad en referente para otras similares en la nación, al lograr un óptimo aprovechamiento de los recursos naturales y promover el desarrollo sostenible.

Las producciones de la finca Las Margaritas son comercializadas en el mercado agropecuario El Mamey, del consejo popular de Tamarindo, en el municipio de Florencia.

“Las producciones agrícolas sustentan la cría de cerdos. Los desechos de estos animales son empleados para generar biogás y los residuales del biodigestor (certificados por instituciones científicas) son empleados como abono orgánico para las diversas plantaciones”, explicó.

En circunstancias normales, con 200 animales en la cochiquera, se producía suficiente biogás para abastecer su domicilio y el de la hija, donde mantienen un consumo elevado por la cocción de alimentos destinados a la familia, los obreros de la finca y los cerdos.

El biodigestor evita la emisión de desechos contaminantes al medio ambiente al convertirlos en energía limpia y beneficiosa.

Antes, el importe de la electricidad era hasta de 500 pesos y con el biodigestor lo redujo a una cifra ínfima, de modo que el primer mes pagó solo ocho pesos. Así consta en el estudio que presentó en un evento de porcicultura tropical.

Ahora, con menos posibilidades de generar y una tarifa diferente a la de aquella fecha, los pagos no sobrepasan los 100.00 pesos, en una vivienda donde disponen de todos los equipos electrodomésticos, incluido un equipo de climatización.

Aseguró que el biodigestor cambia la vida de la mujer rural: “Se acabó la cocción de alimentos con leña, el olor a humo y la suciedad”. Confirmó que ofrece una energía más limpia y la posibilidad de usar abonos orgánicos, calificados por ella como maravillosos, teniendo en cuenta los rendimientos y la calidad de las producciones.

Por tales razones y a partir de la responsabilidad que les asiste como una de las seis fincas escuelas con enfoque de paisaje en el país, extienden las buenas prácticas a productores locales mediante capacitaciones, que han permitido el desarrollo de biodigestores en el territorio de Florencia, ya se contabilizan alrededor de 20 y con intenciones de construir otros.

Su vinculación al proyecto internacional Conectando Paisajes desde el año 2013 también los compromete ―a ella y su familia― con la transferencia de saberes sobre el empleo de otras fuentes de energías renovables y técnicas agroecológicas, esenciales para el desarrollo sostenible y la conservación de los ecosistemas montañosos.

El proyecto internacional Conectando Paisajes contribuye al mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo de montañeses como La Guajira.

En la medida que se recupere la producción porcina podrá materializar la idea de entregar biogás a las viviendas próximas a su finca, con el asesoramiento de profesores de la Universidad de Sancti Spíritus, quienes ofrecieron soluciones ante inconvenientes para trasladar esa energía hasta lugares distantes, debido al relieve montañoso.

“Se manejó la idea de comprimir el gas y almacenarlo en balas para su posterior distribución, lo que exige recursos que están disponibles en el municipio espirituano de Yaguajay y pueden ser utilizados en función de esa tarea”, dijo.

“Conectando Paisajes ha creado nuevas oportunidades para el desarrollo de Las Margaritas, al aportar conocimientos sobre el intercalamiento de cultivos, la utilización de la tracción animal, el manejo de los suelos y el empleo de abonos orgánicos, por solo mencionar algunos”, expresó.

Se siente dichosa por haber recibido herramientas para las labores agrícolas, medios informáticos y materiales de oficina para poder desempeñarse como finca escuela, y elementos de cocina que funcionan con biogás, incluida una olla arrocera.

“El proyecto ha sido ―reconoce― una oportunidad para el intercambio con colegas de toda la geografía nacional y especialistas de otras latitudes, a fin de obtener y socializar experiencias”.

Antes estaba allí: “Tranquila y ‛guardadita’, ahora me conoce hasta el gato y he ganado el respeto y la admiración de todos con mi trabajo”. Se considera una mujer empoderada y de su tiempo, capaz de cumplir cualquier tarea sin perder sus esencias. Si tiene que enyugar unos bueyes, lo hace, afirmó para no dar margen a dudas.

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Organo Oficial de La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños. Cuba.